Supongo que he de empezar por el principio. Hola. Me llamo Bel y tengo miedo. Tengo miedo a que mi vida sea demasiado rutinaria y a que le falte la rutina. Tengo miedo a ser sedentaria y a no saber parar y encontrar mi “tempo”. Tengo miedo a equivocarme y que no haya vuelta atrás, pero, sobre todo, tengo miedo a no vivir la vida que quiero vivir y sentirme culpable el resto de mi vida por no haberlo intentado.

 

Quiero dar la vuelta al mundo

Siempre he querido hacerlo. He visitado más de 40 países y he estado en los 5 continentes. Pero ahora quiero irme por un lado de la calle y volver por el otro, después de haber cruzado mares, océanos y montañas y haber conocido diferentes culturas…sobre todo eso…quiero sentir, oler, escuchar, palpar cómo otras personas que pisan mi misma Tierra viven y sobreviven. Quiero ver como ríen y por qué lloran.

 

Quiero ser dueña de mi vida y enseñarles a mi hija y a mi hijo que pueden ser dueñ@s de la suya. Y sí, esta vez quiero viajar en familia: mi pareja Javi, mi hija Jara de 7 años, mi hijo Oliver de 5 y nuestra perra Duna de 8 años. Todos a bordo de nuestra nave nodriza: La Vagamundo.

 

Y aquí comienza nuestra historia: quiero contarte desde el principio nuestro periplo, para compartir contigo eso que nadie cuenta…

¿Qué pasó justo antes de salir de viaje?

 

Quiero contarte lo que pasó y lo que aun pasa. Quiero contarte la parte “fea” de la historia. Los miedos, los fracasos, las negociaciones familiares, las decisiones difíciles como ¿cuantas bragas me he de llevar? Y las no tan fáciles; ¿Vendo mi casa, o la alquilo? Pero también temas legales, de salud, económicos, de educación y todo por lo que hay que pasar cuando te planteas un viaje como este.

 

Hay muchas preguntas, pero sobre todo hay muchas respuestas. Hay muchas maneras de hacer las cosas y casi todas ellas muy válidas. Tantas como personas y casi te diría, tantas como el día que le pille a cada una de esas personas. Yo te voy a contar la nuestra, que probablemente no sea la mejor, pero es la que nos está llevando a donde queremos ir, que es de lo que se trata.

 

Me acuerdo que al principio de plantearnos esta aventura, nos preguntábamos qué furgoneta íbamos a llevar. Yo me imaginaba mi ideal, con “de todo”: amplia, pero no muy grande, con muchos armaritos, con literas para los peques, que no vayamos a 90km/h todo el camino (que hay que dar la vuelta entera) nevera grande (madre mía, ¡que nos vamos para un montón de tiempo!) A estas alturas he de confesar que aún no tenemos la furgo, no tenemos el dinero, pero lo peor es que no sabemos ¡que furgo queremos! Yo he llegado a la conclusión de que sólo quiero UNA furgoneta. Me da igual cual, me da igual si va a 80km/h, si es espaciosa o no…si al fin y al cabo voy a tener el mundo como jardín de mi casa.

 

Si te soy totalmente sincera creo que para casi todas las cuestiones podría tirarme meses y meses debatiendo, argumentando diferentes posturas sin llegar a ninguna conclusión. Porque al final la decisión la tenemos que tomar Javi y yo y las decisiones son primordialmente emocionales. Sí, has leído bien: las decisiones que tomas, las tomas, fundamentalmente, desde la emoción, no desde la razón. Hay muchos estudios al respecto, pero seguro que si te interesa el tema puedes investigar sobre el concepto “afecto heurístico”, que nos habla de la influencia de las emociones en la toma de decisiones.

 

Básicamente, esto nos habla de un atajo que toma el cerebro para tomar decisiones, en función de los estímulos emocionales que nos producen las diferentes opciones, a menudo en función de nuestras experiencias previas en la vida. Es decir, que no somos tan racionales como nos pensamos o como se empeñan algunas personas en ser.

 

Vamos a ver un ejemplo muy claro para comprenderlo mejor:  Imagínate dos niñas que ven un parque. Una se lo pasó genial la vez anterior sin ningún incidente, por lo que los beneficios van a pesar más que el riesgo de subirse a los columpios. Nada más ver los columpios sale corriendo a montarse. Por otro lado, la otra niña tuvo una experiencia negativa porque se cayó del columpio la última vez y se hizo mucho daño. La segunda niña valorará la situación como de alto riesgo en comparación con los beneficios y lo considerará como una mala opción.

 

Por otro lado, aun cuando tomamos una decisión de forma sopesada lo que consideramos pros y contras de las cosas o situaciones varía en cada persona en función de nuestras preferencias, creencias y, en definitiva, lo que sentimos “es mejor” para nosotros. Luego las decisiones son puramente emocionales, aunque pienses que partes de datos objetivos. Ya sabes que una misma experiencia puede ser positiva para una persona y negativa para otra, siendo la “misma” experiencia.

 

También el estado de ánimo afecta en la toma de decisiones. Cuando estamos felices, tendemos a arriesgar más en la toma de decisiones que cuando estamos en un modo más triste o depresivo. Esto es lo que ocurre cuando estamos en modo “exaltación de la amistad” que estamos alegres y básicamente nos venimos arriba. Las acciones están ligadas a la emoción. Siempre actuamos desde una emoción concreta.

 

Por eso no hay una respuesta correcta para casi nada en esta vida. Y hay que aprender a convivir con la incertidumbre y asumir la responsabilidad que nos toca y tomar una decisión.

¡Y recuerda que casi nada es para siempre!

 

¿Qué nos impide tomar decisiones?

Pues a menudo el miedo. Es la emoción que más afecta negativamente en la toma de decisiones, pero de esto también hablaremos largo y tendido en otro post.

 

Lo que sí que tengo claro, es que una cosa muy práctica y muy útil y que acota a los miedos y a los diversos motivos de la procrastinación (palabreja que se las trae léxica y etimológicamente), es

Poner fecha a las cosas

 

Así que lo primero que hemos hecho ha sido ponerles fecha a todos y cada uno de los pasos que necesitamos dar para salir de viaje, incluido el día que hay que, por fin, hacer las maletas. Así que hemos hecho un cronograma grande con colores y lo hemos colgado de una pared de casa. Así tod@s en casa podemos verlo, podemos saber donde estamos, cual es la fecha límite para cada acción que debemos realizar y quién se encarga de cada cosa.

 

Esto es especialmente importante porque una cosa que me paralizó al principio con mi planteamiento de ser blogera, es que la mayoría de los referentes que encontraba en internet, que hablaban de cómo vivir de un blog, son veinteañeros que, sin intención de quitarles mérito, pues muchos de ellos y de ellas son mis mentores, referentes, inspiradores y maestr@s, en muchos casos no “dependían” de un trabajo previo, o una casa que mantener y mucho menos una familia. Y todo esto se complica cuando además tienes que atender a tu día a día con las rutinas de los peques, el cole, las circulares de la agenda, la compra, la comida, el trabajo que paga las facturas de los gastos actuales como las extraescolares, comedor…en fin, que te voy a contar que ya no sepas.

 

Por eso es aun más importante organizarse bien. Ponerle fecha a cada una de las acciones importantes de tu proyecto y repartir las tareas y aprender a delegar.

 

Aquí te dejo cómo quedó nuestro cronograma.

 

 

(imagen)

 

Si necesitas algo más de ayuda, no olvides descargarte la guía para planificar tu Plan B. Encontrarás en ella una hoja de ruta para planificar tu plan B y ponerlo en marcha, tomar decisiones y planificar.

 

Puedes hacerlo aquí

 

Y si necesitas ideas o algo de ayuda para hacer el tuyo, no dudes en preguntarme.

 

A ti ¿qué es lo que más te cuesta?

¿Cuál es tu sueño por cumplir?

¿Por qué no le pones fecha?

¿Que otra dificultad encuentras?

 

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