Hoy he venido a desnudarme de la manera más honesta que conozco y las más real. A desnudarme de dentro a fuera.

Si quieres averiguar mi historia, cuales han sido mis miedos, mis errores y mis aprendizajes que me han traído hasta lo que soy hoy, quédate. ¡No te arrepentirás!

Todo esto es lo que te voy a contar:

El origen de todo.

Yo soy fruto del amor entre un hombre inteligente, noble, sensible y lleno de inseguridades que quizás nació en una época equivocada y de una mujer tierna, bondadosa y llena de miedos. Ambos, para protegerme, supieron ocultarme sus miedos e inseguridades y me proporcionaron una infancia feliz, donde recibí amor y confianza a partes iguales. Me ofrecieron lo que tenían, de la mejor manera que supieron.

El origen de todo

El origen de todo

Nací una primavera del 74. Soy la pequeña de dos hermanos. Cuando yo nací mi padre era trabajador de una fabrica de coches y mi madre ama de casa. Mi familia era una familia “normal”. Toda mi infancia la recuerdo feliz y en armonía, sin grandes cosas que mencionar. Mi hermano César, fue mi único quebradero de cabeza durante mi infancia, aunque probablemente el podría decir lo mismo. También centro de grandes alegrías. Aunque he tenido siempre buena relación con mi familia, de mayor he sentido la necesidad de trabajar y aun sigo trabajando, los patrones y esquemas de mi familia que me han “tocado” y me he descubierto como una experta en “tapar” todo lo que no atienda a un estereotipo de vida feliz.

 

Siempre me gustó viajar y saber cosas sobre otros países. Recuerdo que de pequeña me gustaba ir a casa de mi vecino José Mª, un señor mayor que tenía amigos en muchos países. Me encantaba pasar el rato en su casa mientras me enseñaba las postales que le habían enviado desde los diferentes rincones del planeta, y me contaba historias sobre sus viajes. Ya por aquel entonces me sentía diferente a los demás niños y niñas que conocía, a los que no les interesaban nada las historias de nuestro vecino Jose Mª.

Así que crecí obsesionada con viajar y conocer otros lugares, otras culturas y otras gentes. De mayor quería ser azafata de vuelo. Me gustaba mirar el globo terráqueo y jugaba a que un día podría hacer eso de darle vueltas a una bola del mundo con lo ojos cerrados y tocar al azar un país, parando así la bola y decir: “¡este es mi próximo destino!”. No sé si lo has probado alguna vez, casi siempre toca mar, que es mucho mas grande…

Siempre fui inquieta y con muchos intereses diversos, practiqué un montón de deportes y actividades diferentes sin destacar demasiado en ninguna. Los estudios se me atascaban un poco, pero sin grandes problemas y en casa mi padre siempre nos decía que confiaba en nosotros y no necesitaba que un profesor, que no nos conocía como él, nos valorara ni puntuara para saber lo que somos o lo que valemos.

Al llegar al instituto me costó muchísimo. Sentía que había algo que no estaba bien, que me dificultaba el estudio, pero no sabía qué podía ser. Muchos años después, ya en la treintena, me diagnosticaron “dificultad en el aprendizaje con rasgos disléxicos” lo que no arregló nada, pero me ayudó a comprender y a valorar mi esfuerzo extra. Entre eso y mi falta de foco en algún interés concreto, siempre haciendo cursos paralelos de mil cosas, tardé 7 años en liberarme del instituto (cuando lo normal son 4). Así que cuando terminé, con mis 21 añitos y sin aprobar la selectividad, decidí marcharme a Australia con lo que había ahorrado trabajando ese verano. Aprovecharía a visitar unos familiares, a los que sólo había visto una vez y que vivían allí desde hacía años.

El padre de una amiga me preguntó por qué me iba, de que huía. No lo tenía muy claro, lo que sí sé es que:

 

Sentía la necesidad de salir de mi “nido” para saber qué es lo que realmente quería.

 

Sentía mucha presión social y quería saber quién era yo realmente. La preocupación de mis padres por mi futuro, las amigas que no aceptaban una opción de vida diferente a la suya como válida (ir a la universidad, echarse novio, hipotecarse…) la sociedad en general…Yo sabía que quería estudiar, pero no quería meterme a estudiar cualquier cosa y hacerles a mis padres afrontar un gasto más sin tenerlo claro.

 

Un antes y un después en mi vida.

Australia marcó un antes y un después en mi vida. Allí me relacioné con personas de muchos países diferentes y de todas las edades. Como mi inglés era nefasto (0,8 mi nota de selectividad) principalmente me relacioné con personas de origen latino.

 

Me di cuenta, tal y como intuía, que había muchas formas de vivir diferentes y todas me parecían válidas.

 

Bel en Australia con canguro

Bel en Australia con canguro

 

También aprendí que todo el mundo es bueno. Otro motivo por el que quise irme era para aprender “la dureza del mundo real”. Quería curtirme fuera de la protección de mi familia y mi entorno, pero me encontré que la gente allí me acogió y me trató como si fuera de su propia familia. Me invitaban a sus casas y a sus fiestas familiares, me llevaban a visitar lugares. Hice amistades que aun hoy conservo con mucho cariño.

 

En Australia se me abrió la mente de tal modo que me sentía muy lejos de toda la gente que conocía en España y no solo por la distancia física.

 

Tuve momentos duros, muy duros. Mi relación con mi tía era insostenible. En un momento dado me echó de casa. Me vi sola, desamparada, sin mi familia y amigos cercanos que me apoyaran o me entendieran. Ni siquiera podía escribir un mail o un whats app porque no existía internet. Casi ni llamar por teléfono, ya que era carísimo y tampoco quería preocupar a mis padres. Solo me quedaban las cartas.

Aprendí que, en el fondo, estaba sola y que hay cosas y decisiones que solo yo debía tomar. Yo y solo yo debo tomar las decisiones y emprender las acciones que me llevarán a uno u otro destino. En ese momento sentí un empoderamiento que nunca me ha abandonado, aunque también mucho vértigo y reconozco que en ocasiones me lo he tenido que recordar.

 

Esto me ha hecho hacerme cargo desde muy joven de mis decisiones, mis emociones y sentirme dueña de mi destino.

 

Cuando volví de Australia tenía claro que tenía ganas de vivir mis propias aventuras de la vida fuera de la casa de mis padres. Y me dediqué a vender colecciones de enciclopedias a puerta fría, viajando por toda España. Siempre pensé que algún día tendría mi propio negocio y aunque aún no sabía qué, está caro que siempre tienes que vender algo. Mi padre ya hacia años que también había dejado su trabajo en la fábrica como técnico de compras y se había puesto por su cuenta como comercial. Él siempre ha valorado la libertad y eso es algo que a mí también se me quedó grabado.

Vivir fuera de la casa de mis padres sin un lugar fijo, me hacía sentir libre. Era como llevar una vida paralela. Podía hacer lo que quisiera, fluir con las experiencias, sin que nadie me juzgara ni se sintiera responsable por mí, ni me intentara convencer de otra cosa. Yo quería más de esa sensación.

Después de varios meses disfrutando de una vida intensa de libertad y experiencias me cansé de esa rutina y decidí quitarme la espinita del inglés, así que contacté con una amiga que se había ido a Inglaterra a vivir cuando yo me fui a Australia y aun seguía por allí. Sentía cierta afinidad con ella por nuestras historias similares de jóvenes emigrantes, no muy común en los 90. Ahí descubrí otra cosa muy importante:

 

No por vivir las “mismas” experiencias, adquirimos los mismos aprendizajes de vida. Cada persona está en una fase diferente y no todas estamos preparadas para aprender según qué cosas.

 

Parece algo obvio, pero para mí no lo fue hasta ese momento. Creía que yo había cambiado por haber vivido mi experiencia de Australia, y así era, pero también había cambiado porque de algún modo estaba predispuesta a aprender lo que había aprendido.

En Inglaterra mi objetivo era claro: Quería aprender inglés y quería buscarme la vida desde cero en un entorno desconocido. Quería demostrarme a mí misma que podía hacerlo yo sola sin contar con nadie. Creía que todas las personas tenemos los mismo derechos y oportunidades y quería ponerme a prueba como si yo no tuviera a nadie.

Obvio que me di un buen batacazo. Conocí muchas personas inmigrantes de muchos países y muchos ingleses de todas las clases sociales. En Inglaterra, en mi opinión, hay una gran diferencia entre clases sociales, no solo económica sino también cultural.

Trabajé de muchas cosas y pasé por muchas situaciones, incluso pasé momentos en los que no tenía ni para comer, pero sentía que era un poco ficticio porque sabía que en cualquier momento una llamada de auxilio a mis padres terminaría con aquel sufrimiento. Obviamente, no somos todos iguales ni cuando nacemos.

Pero lo que sí está claro es que

 

Tú tienes el poder de crear tu propio destino.

Todo depende de las decisiones que tomes en cada momento de tu vida y de las que no tomas. Esas decisiones te han llevado hasta lo que hoy eres, pero lo importante es que las decisiones que tomes de ahora en adelante te proporcionarán lo que puedes llegar a ser. Y ahí reside tu poder.

Creatividad es conseguir el mejor resultado con los elementos de que dispones. Igual que en la vida. Siempre tienes dos opciones: ponerte en la víctima y lamentarte por lo que te ha tocado y no depende de ti, o ser creativa y ver cuál es el mejor resultado que puedes obtener, dando lo mejor de ti, con lo que te ha tocado.

Yo estaba allí viviendo una situación incierta con la posibilidad de llamar a mis padres para que me rescataran, cosa que no hice, pero también podía haber elegido quedarme en Madrid. Podría haber ido a la universidad allí y que me lo hubieran pagado todo mis padres, y no haber trabajado hasta los 28 años, como la mayoría de mis amigos en España estaban haciendo.

También sentía que me podía volver en cualquier momento y retomar ese camino que descarté en el pasado, lo que me hizo pensar que

 

No todas las decisiones son definitivas. Nada es para siempre.

Al cabo de un tiempo sentí la curiosidad por estudiar. Quería aprender cosas nuevas y allí el sistema educativo por lo general era más práctico y más corto que en España y era fácil conseguir una beca. Una opción que barajé fue la carrera de Interpretación (una de mis grandes aficiones), pero eran 4 años y no sabía si aguantaría tanto en Inglaterra, así que mi mente práctica, fiel a mi idea de tener algún día mi propio negocio y aun sin haber encontrado mi pasión, me decidí por un HND en Business & Marketing, que eran sólo dos intensos años.

No creas, me he preguntado muchas veces cómo hubiera sido mi vida si hubiera decidido estudiar interpretación. Seguro que hubiera sido totalmente diferente, pero seguro que no habría llegado a ser quien soy hoy…o quizás si…es uno de los juegos de la vida, ¿verdad? Y en el fondo, ¡Qué más da!

En cuanto terminé los estudios me volví a España, la falta de luz y de sol pesaban ya demasiado y sentía una necesidad de hogar así que me volví un tiempo a casa de mis padres. Entre unas cosas y otras habían pasado más de 5 años, había vivido en tres países, había aprendido dos idiomas, había tenido 6 trabajos diferentes, había viajado a 8 países más y traía un título universitario bajo el brazo. Aunque no voy a negar que el título en España habría puertas, he de decir que lo que más me sirvió para conseguir mis siguientes trabajos, fue mi experiencia de vida.

Las consecuencias de una “vida perfecta”.

Al cabo de unos meses por España, con una vida algo más tranquila y ordenada, dejándome mimar por mi familia, parecía que llegaban otros tiempos. Me enamoré locamente de un chico y me fui a vivir con él. Empecé a trabajar en una multinacional y parecía que todo transcurría normal durante algún tiempo. Vida familiar, viajes de trabajo y de placer por todo el mundo, tiempo y dinero para alimentar hobbies de todo tipo. Todo era idílico. Éxito profesional, ascensos y mejoras laborales, una relación de familia ideal…¡Qué más se podía pedir!

Bel con mis compañer@s de la multinacional

Bel con mis compañer@s europeos de la multinacional

El compromiso y la responsabilidad crecían al igual que las horas de dedicación, pero no parecía afectarme. Mi idea de la libertad asomaba de vez en cuando pero no sabia ni por dónde empezar a cambiar lo que había construido durante varios años ya, así que lo tapé como pude para no ser consciente de la incoherencia que vivía.

Hasta que llegó un momento en el que lloraba sin parar y no sabía ni por qué. Como yo no tomaba decisiones la vida las tomó por mí. Mi pareja me dejó y al día siguiente, sin dudarlo ni un instante, dimití de mi puesto de trabajo. Sabía que había llegado el momento de tomar de nuevo las riendas de mi vida. Que esa vida no era lo que yo hubiera querido ni soñado, si por un instante me lo hubiera preguntado. Me había dejado llevar por las expectativas de los demás, por sus alabanzas y miradas de aprobación, por lo que los demás consideran una vida “normal” y de “éxito”. Mi yo profundo se revelaba a través de ese llanto que yo no quería escuchar. Sufría de insomnio, de diarreas espontáneas, de alergias, de falta de energía…tenía un cuadro claro de estrés, pero ¿quién lo iba a decir? ¡Si mi vida era “perfecta”!

Casi de un día para otro me vi sin pareja, sin trabajo y al poco sin casa. Me di cuenta de que estaba en una situación muy delicada y que debía ser honesta conmigo misma o aquello dejaría en mí una huella irreparable. Estaba emocionalmente destrozada. No sabía que la tristeza doliera tanto físicamente. No sé ni como conseguí conectar con esa sabiduría interior que me decía:

 

Calma, date tu tiempo, escúchate y poco a poco irás encontrando la fuerza que necesitas para reconstruirte. Haz tu duelo y cierra heridas porque si las tapas ahora volverán a salir cuando menos te lo esperes. Llora y déjate cuidar.

 

Recuerdo que sentía emociones encontradas que no entendía. Cuando mi pareja me dejó, sentí pena, sentí traición, sentí rechazo, pero también sentí que era lo correcto. Que él había sido más valiente que yo. Cuando me comunicaron finalmente que aceptaban mi dimisión sentí pena, sentí decepción, sentí que cerraba una etapa de mi vida personal y profesional muy importante, pero sobre todo sentí una profunda liberación. La primera frase que me vino a la mente fue: “ya está, ya se acabó, ya soy libre otra vez…”

 

Fue como romper un velo que no me dejaba verme a mí misma.

 

Sentí que tenía el poder de hacer lo que quisiera con mi vida.

 

Fue en ese momento cuando mi querido amigo Pedro Ferreras, me dio el mejor consejo que me han dado nunca. Me propuso hacer el ejercicio de la visualización, que yo misma te regalo al suscribirte a mi blog y que si no lo has hecho aún te recomiendo te lo descargues gratis aquí. Eso me ayudó a poner un poco de foco en mi vida. Por primera vez me planteé hacia dónde quería ir y empecé a tener algunas cosas más claras.

 

Una gran promesa

Fue entonces cuando me prometí:

  1. Que no volvería a trabajar por cuenta ajena.
  2. Que tenía que hacer un profundo trabajo personal para no cometer los mismos errores.
  3. Que me iba a esforzar al máximo por encontrar una manera de ganarme la vida con algo que me apasionara.
  4. Que esa forma de vida tenía que ser 100% fiel a mis principios y que sintiera que aportaba algo al mundo.
  5. Que iba a vivir el resto de mi vida como yo quisiera.

 

Esto me hacía ver la luz entre mi dolor, no tenía prisa, quería hacerlo bien esta vez. Así que comencé una nueva etapa de mi vida con una auténtica reinvención de mí misma en todos los sentidos. Estaba sufriendo lo que yo llamo una Catarsis Existencial.

Javi y Bel en Punta Allen

Decidí darme algún tiempo para trabajar ese duelo necesario y después quería hacerme un viaje sin billete de vuelta. Uno de mis sueños. El viaje finalmente fue de 6 meses por sur y Centroamérica. En medio de los preparativos del viaje y mi reinvención y reconstrucción conocí a Javi, quien me acompaña hasta hoy en mi aventura de la vida. Fiel compañero y maestro, con quien el mundo parece un poco menos feo, como dice “La otra” en su canción y que me acompañó dos meses. El viaje por América me ayudó a conectar con mi esencia y reforzar mis ganas de vivir mi propio estilo de vida.

 

 

Por lo pronto me di cuenta de que lo que quería era ser madre. Fue algo que barruntaba desde hacía tiempo, de echo cuando conocí a Javi fue algo que hablamos desde el principio. Nunca me había planteado lo de tener hijos y si me preguntaban me inclinaba más hacia el no. Pero de repente estaba un día en un albergue en México con un grupo de veinteañeros españoles (yo ya tenía treinta y tantos) hablando de planes de futuro y a mí me salió un: “pues yo cuando vuelva a España quiero ser madre”. Todos me miraron sorprendidos, claro, ellos estaban en otra onda. Y al verbalizarlo me di cuenta de lo importante que era ese deseo en mí. Así que decidí emprender el camino de vuelta a casa. Esta vez mi casa era Javi.

 

Mi reinvención profesional.

En medio de mi reinvención personal, en la búsqueda de mi pasión y mi reinvención profesional, en medio de la elaboración de mi nuevo plan B de Vida tuve a mi hija Jara, la luz de mi vida y mi espejo. Mi gran maestra.

 

Un día iba en el coche atrás con Jara dándole vueltas y mas vueltas al tema y me hice l a gran pregunta:

 

¿Qué podía hacer, que aprovechara mis talentos, que aprovechara mi experiencia y que fuera más afín a mí que lo que había hecho hasta ese momento y que aportara valor a los demás, como para pagar por ello?

 

Cuando de repente me vino a la cabeza la palabra Coach y sentí que todo encajaba. No sabía mucho del coaching, pensaba que iba sobre hablar con gente que te cuenta cosas y les ayudas a resolverlas para que consigan lo que se proponen…al fin y al cabo una cosa que había destacado que se me daba bien es que la gente viene a mi a contarme sus problemas porque saben que no les suelo comprar la moto y les ayudo a ver alternativas y puntos de vista diferentes. Así que hablé con dos o tres amigos que eran coaches y en verdad nunca habíamos hablado del tema antes y me decidí a hacer la formación.

Jara, Oliver y Mamá

Jara, Oliver y Mamá

 

Aquí comenzó mi andadura profesional en el mundo del coaching. Me formé, practiqué, practiqué, me formé más, leí, facilité aprendizajes a otras personas, tuve a mi hijo Oliver, mi refugio y mi equilibrio, mi medicina, acompañé a muchas personas a conseguir sus objetivos, me busqué mi hueco y pude compaginar todo esto de forma cómoda con mi maternidad, lo que me permitió conciliar a mi manera. Pero después de varios años había algo que no encajaba.

Pero ¡ay! culo inquieto de mi, no tenía yo bastante. Pues no. Me había prometido que iba a vivir la vida que quería y esta forma de vida no me terminaba de convencer. Tenía a mi pareja, tenía a mis dos hijos maravillosos, mi perra, mi casa en el campo…pero llevaba 7 años sin viajar fuera de España y esta no era el “yo” que quería mostrar a mis hijos. Quería que conocieran a su madre como mujer y como persona, con sus inquietudes, sus pasiones y sus miedos y no solo como madre entregada.

 

 

 

Así que me puse a barruntar de nuevo, ¿qué podía hacer? Había encontrado un trabajo que me apasionaba y que se me daba bien, me sentía realizada, pero me sentía presa de los clientes y el sistema que yo misma había creado.

Por otro lado, mi vida estaba bien, pero empezaba a pesarme la monotonía de la rutina. Entrar en el circulo vicioso de trabajo, colegio, extra-escolares, cenas y otro día mas… no era exactamente la vida que yo quería… ¡Quería viajar! Salir al mundo real.

 

Fundación Vicente Ferrer

Fundación Vicente Ferrer

 

De repente un día recibo un mail de mi querido maestro, compañero y amigo Jorge Salinas, contándome que habían estado en la India trabajando en la Fundación Vicente Ferrer realizando coaching y formación a personal, personas voluntarias y perceptoras de los servicios de la fundación y que estaban organizando otro grupo para ir otra vez. ¡No me lo podía creer! Tres de mis grandes pasiones en una: El coaching, la cooperación y viajar. Así que allí que me fui. Viajé sola por el placer de viajar sola de nuevo. Fue como un gran reencuentro conmigo misma y una experiencia única poder trabajar con un gran equipo de coaches para la fundación.

 

Me prometí a mí misma que este era el tipo de cosas se les quería mostrar a mis hijos. Esto es lo que realmente les puedo aportar, ese es mi legado: mostrarles el mundo en el que viven, sus gentes y su diversidad , los diferentes proyectos y el poder de las personas buenas en todo el mundo.

 

 

Una pequeña pregunta que lo cambió todo, otra vez.

Así que así se asentó la idea de un nuevo proyecto y un día le dije a Javi:

-Javi, ¿qué te parece si lo dejamos todo y nos vamos a dar la vuelta al mundo en familia? – a lo que obviamente me respondió algo parecido a un ¡sííííí!

Tenía que encontrar la manera de llevar mi trabajo conmigo y se me ocurrió que podría trabajar on-line. Esta idea también resolvía mi conflicto profesional. No era tarea fácil. No conocía a nadie que ya lo hiciera, la poca gente que preguntaba me decían que era imposible, necesitaba tiempo para trabajar en ello, pero tampoco podía dejar de ingresar dinero, con dos peques de 3 y 5 años con los que disfruto pasando tiempo con ellos…Así que puse en marcha todas mis herramientas de las que disponía, imaginación al poder, intención bien clara para mantener alta la motivación y me ideé mi nuevo Plan B de vida a 3 años.

Y aquí estoy hoy. A un año de la fecha de salida, todo según lo previsto. Negocio on-line en marcha, auto-caravana comprada, casa vendida…han sido muchas decisiones, muchos pasos dados, muchos miedos vencidos y de nuevo una reinvención personal en marcha para poder cumplir un sueño, pero también para crear nuestro nuevo estilo de vida.

Prometo seguir poniéndote al día con las novedades de mis proyectos y contarte los pros y los contras de cada decisión. Pero eso será una historia para contar en otra entrada de mi blog.

Ya te he contado mi historia, sin tapujos, al desnudo.

Ahora te toca a ti:

¿Cuál es tu historia?, ¿Cuales son tus retos? ¿Y tus aprendizajes?

¿Cuál es tu sueño?, ¿Y tu plan B ?

¿Qué es lo que te impide ponerlo en marcha?, ¿Y tus miedos?

Te leo en los comentarios